La acupuntura, tal como se describe en el Língshū (靈樞) del Huangdi Neijing, no es únicamente una técnica manual, sino una práctica que exige un estado mental preciso por parte del terapeuta. Antes incluso de la inserción de la aguja, el texto clásico pone el énfasis en algo que a menudo pasa desapercibido en la práctica moderna: la calidad de la mente del acupuntor.
En el capítulo 終始 (Zhōng Shǐ, “Inicio y fin”), se recogen una serie de indicaciones breves que describen cómo debe prepararse el médico: retirarse al silencio, evitar distracciones, observar el estado del paciente y unificar la propia atención. Estas instrucciones no son simbólicas ni esotéricas en su origen, sino profundamente clínicas: establecen las condiciones necesarias para percibir el Qi y actuar con precisión.
El Líng Shū insiste en que la eficacia del tratamiento depende tanto de la técnica como de la intención que la guía. La aguja no actúa por sí sola; es la mente del acupuntor la que orienta, regula y da sentido a la intervención. Por ello, comprender este estado interno no es un añadido filosófico, sino una parte esencial del arte de la acupuntura.
Los principios que aparecen en el Líng Shū son universales: en cualquier disciplina, la calidad de la atención y la claridad de la intención determinan la eficacia de la acción.
Estos principios fundamentales sobre la intención y la práctica no se limitan al ámbito de la acupuntura, sino que pueden aplicarse a cualquier arte o disciplina. Ya sea en la medicina, las artes marciales, la meditación o cualquier forma de trabajo consciente, la calidad de la atención, la claridad de la intención y la capacidad de unificar la mente determinan la profundidad y la eficacia de la acción. Más allá de la técnica, es el estado interno desde el que se actúa lo que da forma al resultado.
El clásico de la medicina: Língshū (靈樞)
El Líng Shū (靈樞), habitualmente traducido como Eje Espiritual, es una de las dos partes que componen el Huangdi Neijing (黃帝內經), el texto fundacional de la medicina china clásica. Mientras el Sùwèn (素問) desarrolla principalmente los aspectos teóricos y cosmológicos, el Líng Shū se centra en la práctica clínica, especialmente en la acupuntura.
Compuesto a partir de materiales que se remontan al periodo de los Reinos Combatientes y consolidado durante la dinastía Han, el Líng Shū describe los meridianos, las técnicas de punción, la dinámica del Qi y, de forma menos evidente pero igualmente fundamental, el papel del estado mental del médico en el tratamiento.
Lejos de entender la acupuntura como una técnica puramente mecánica, este texto insiste en la importancia de la percepción, la atención y la intención. En sus capítulos encontramos no solo indicaciones sobre dónde y cómo pinchar, sino también sobre cómo debe situarse internamente el acupuntor para que el tratamiento sea verdaderamente eficaz.
Es importante situar correctamente estos textos en su contexto histórico. No solo constituyen el canon de la medicina clásica china, sino que reflejan un cambio profundo de paradigma: el paso de una visión del destino humano sometida a deidades, demonios y ancestros, a una comprensión de la naturaleza regida por leyes, con las que el ser humano puede aprender a convivir y, en cierta medida, orientar su propio destino.
Estos textos reflejan un cambio de paradigma: del destino regido por fuerzas sobrenaturales a una comprensión de la naturaleza como sistema de leyes con el que el ser humano puede convivir y orientar su vida.
Como señala Paul U. Unschuld en la intrroducción de su traducción del Líng Shū1, "Los autores cuyo pensamiento se ha expresado en los textos transmitidos hasta nuestros días en el Su wen, el Nan jing y el Ling shu fueron un grupo de intelectuales cuyos nombres y número pronto se verían relegados a la oscuridad del olvido colectivo, y con razón. Cuestionaron lo que durante muchos siglos había permanecido evidente para todos los segmentos de la sociedad. Confrontaron a sus contemporáneos con la idea de que las leyes naturales eran válidas independientemente de deidades, espíritus, demonios y ancestros, así como del tiempo y el espacio. Estos intelectuales constituyeron el núcleo de una perspectiva ilustrada y secular del mundo, cuyas consecuencias abrirían una visión de la naturaleza y la integración de la humanidad en las leyes naturales como fundamento para comprender los orígenes, la esencia y la transitoriedad de la vida."
Este cambio de paradigma no implica negar lo espiritual ni caer en la pretensión de explicar racionalmente todos los fenómenos. Más bien se aleja de los dogmatismos —tanto religiosos como materialistas— que tienden a rechazar aquello que no comprenden, y propone una vía en la que el ser humano aprende a convivir con lo visible y lo invisible sin necesidad de reducirlo todo a una única interpretación.
El foco y el estado interno del practicante según el Língshū
El capítulo 9 del Líng Shū, titulado 終始 (Zhōng Shǐ, “Inicio y fin”), aborda los principios que deben guiar la práctica de la acupuntura desde su preparación hasta su ejecución. Lejos de centrarse únicamente en la técnica, el texto pone el énfasis en las condiciones internas del médico: su capacidad de recogimiento, atención y claridad mental.
A través de una serie de frases breves y condensadas, el capítulo describe cómo debe situarse el acupuntor antes de intervenir. Estas indicaciones, aunque formuladas en el contexto clínico, revelan principios más amplios sobre la práctica consciente que pueden aplicarse a cualquier disciplina.
A continuación, desglosaremos este párrafo como principios para entender su sentido y su aplicación práctica2:
深居靜處
占神往來
閉戶塞牖
魂魄不散
專意一神
精氣之分
毋聞人聲, 以收其精
必一其神, 令志在鍼
深居靜處 - shēn jū jìng chù
深 (shēn) → profundo, retirado
居 (jū) → habitar, situarse
靜 (jìng) → quietud, calma
處 (chù) → lugar, estado
→ El practicante debe residir profundamente en un lugar de quietud
En un sentido externo, implica trabajar en un entorno tranquilo, silencioso y libre de interrupciones. Pero, en un nivel más profundo, esta quietud debe surgir del propio practicante, a través de un estado de recogimiento y calma mental. Se trata de un asentamiento interior que permite percibir con claridad. Este principio puede relacionarse con el concepto de Zhǐguān (止觀): zhǐ (止), detener o aquietar la mente, y guān (觀), observar o contemplar con atención.
占神往來 - zhàn shén wǎng lái
占 = observar, examinar
神 = espíritu, actividad mental
往來 = movimientos
→ Discernir las idas y venidas del espíritu (shén)
Lo primero que se realiza al valorar el estado del paciente es observar su shén, es decir, su estado general. En la medicina china clásica, el shén se manifiesta de forma inmediata en la presencia global de la persona: en la mirada, la expresión del rostro, el tono de la voz, la postura y la calidad del movimiento. No se trata de un único signo aislado, sino de una impresión conjunta que revela el grado de vitalidad, coherencia y claridad interna.
Observar el shén es, en cierto sentido, percibir si la vida está plenamente presente. Un shén claro se reconoce por una mirada viva, una expresión coherente y una respuesta adecuada al entorno; en cambio, cuando el shén está debilitado o perturbado, pueden aparecer signos como la mirada apagada, la dispersión, la desconexión o la agitación.
Observar el shén es percibir la presencia de la vida: se manifiesta en la mirada, la expresión, la voz y el movimiento, revelando de forma conjunta su vitalidad, coherencia y claridad interna.
Antes de cualquier análisis más detallado, esta observación ofrece una orientación fundamental: permite intuir la profundidad del desequilibrio y la capacidad del paciente para responder al tratamiento. Por eso, en los textos clásicos, la percepción del shén ocupa un lugar prioritario dentro del proceso diagnóstico.
閉戶塞牖 - bì hù sāi yǒu
閉 (bì) → cerrar
戶 (hù) → puerta
塞 (sāi) → bloquear, sellar
牖 (yǒu) → ventana
→ Con sus puertas y ventanas [sensoriales] cerradas
En un sentido externo indica la necesidad de crear un entorno protegido y libre de interferencias. Cerrar puertas y ventanas no es solo una imagen literal, sino una forma de preservar el espacio terapéutico de estímulos que puedan perturbar el proceso: ruido, corrientes de aire o cualquier distracción que altere la estabilidad necesaria para percibir y actuar con precisión.
En un nivel más interno, esta misma idea se aplica a la mente del practicante. “Cerrar” implica no dejar entrar pensamientos innecesarios, preocupaciones o estímulos que fragmenten la atención. Se trata de mantener la mente recogida, contenida, sin dispersarse en múltiples direcciones, para que la percepción del paciente y del Qi sea clara y directa.
Así, el principio señala una doble protección: del entorno y de la propia mente. Solo cuando ambos niveles están resguardados —el espacio externo y el espacio interno— es posible sostener una atención unificada y una acción verdaderamente eficaz.
魂魄不散 - hún pò bù sàn
魂 (hún) → alma etérea, aspecto yang de la psique
魄 (pò) → alma corporal, aspecto yin
不 (bù) → no
散 (sàn) → dispersarse, disolverse
→ Las almas etéreas y corpóreas no deben dispersarse
Mantener la integridad de la presencia implica que mente y cuerpo permanezcan unificados, sin fragmentarse en múltiples direcciones. En este sentido se señala la necesidad de que la atención no se disperse ni se disocie del momento presente. El aspecto más sutil y dinámico de la mente (hún) no debe divagar ni alejarse, mientras que el aspecto más corporal y sensorial (pò) debe permanecer anclado, estable y receptivo.
Cuando esta unidad se pierde, la percepción se vuelve imprecisa: la mente puede adelantarse, distraerse o desconectarse, y el cuerpo quedar en un estado automático, sin verdadera presencia. En cambio, cuando hún y pò se mantienen juntos, se genera una cualidad de atención integrada, en la que la claridad mental y la sensibilidad corporal actúan como una sola.
En estos preceptos se hace referencia a los Wǔ Shén (五神), los cinco aspectos del espíritu, señalando tanto el estado interno que debe cultivar el practicante como el que ha de observar y valorar en el paciente.

專意一神 - zhuān yì yī shén
專 (zhuān) → concentrar, focalizar, dedicar por completo
意 (yì) → intención, mente dirigida
一 (yī) → uno, unificar
神 (shén) → espíritu, conciencia
→ Concentrar la atención (yi) y unificar el espíritu (shen)
Aguí se describe el momento en que la mente deja de estar dispersa y se reúne en una única dirección. Unificar el shén no implica tensión, sino claridad y estabilidad: la conciencia se vuelve una, sin fragmentaciones ni interferencias, plenamente presente en lo que ocurre.
Sobre esta base, yì (意), la intención, actúa como principio director. La intención no es un pensamiento abstracto, es el espíritu asociado al Bazo que representa la función activa de la mente que orienta la acción y regula el movimiento del Qi. De ahí el principio: "donde llega la intención, llega el Qi". Cuando el shen está unificado, la intención puede dirigirse con precisión, y esa dirección se traduce en una intervención coherente y eficaz.
精氣之分 - jīng qì zhī fēn
精 (jīng) → esencia
氣 (qì) → energía vital
之 (zhī) → de
分 (fēn) → distinción, diferenciación
→ Distinguir entre Jing y Qi
La traducción de Unschuld, “essence and qi do not part”, en línea con la de Charles Chace, resulta coherente dentro del marco del cultivo interno —la unificación Jing–Qi–Shen–Kong—; sin embargo, en este contexto no parece reflejar con precisión el sentido del texto.
En este caso la distinción entre Jing y Qi puede entenderse, en términos clínicos, como la diferencia entre lo congénito y lo adquirido, entre la base constitutiva y la función dinámica. Desde esta perspectiva, el trabajo sobre el Jing tiende a relacionarse con niveles más profundos del organismo —a menudo abordados a través de los vasos extraordinarios—, mientras que el Qi se regula principalmente a través de los meridianos principales. No se trata de una separación estricta, sino de dos niveles de intervención que se complementan.
En toda enfermedad existe la raíz y la manifestación. La raíz es el origen de la enfermedad, mientras que la manifestación es su transformación. Toda enfermedad tiene una única raíz, que permanece oculta y es difícil de percibir; en cambio, sus manifestaciones son múltiples, evidentes y fáciles de observar.
Por ello, quienes hoy tratan la enfermedad, en su mayoría, no distinguen entre raíz y manifestación, y se limitan a lo que tienen ante los ojos. Este es el mayor problema de nuestra profesión.
Zhang Jingyue (張景岳, 1563–1640), médico de la dinastía Ming
La distinción entre Jing y Qi también resuena con la diferenciación entre raíz (běn) y manifestación (biāo) en la práctica clínica. El Jing, como base constitutiva y profunda del organismo, se relaciona con aquello que sostiene y origina el proceso patológico, mientras que el Qi, en su dimensión dinámica y funcional, se expresa en las manifestaciones visibles de la enfermedad.
Desde esta perspectiva, distinguir entre Jing y Qi no es solo una cuestión teórica, sino una herramienta diagnóstica que permite discernir entre lo esencial y lo aparente, entre lo que subyace y lo que se muestra. Esta lectura se alinea con el principio clínico de diferenciar entre raíz y manifestación: comprender qué está en el origen del desequilibrio y qué corresponde a sus transformaciones.
毋聞人聲, 以收其精 - wú wén rén shēng, yǐ shōu qí jīng
毋 (wú) → no
聞 (wén) → oír, escuchar, atender a
人聲 (rén shēng) → voces de las personas
以 (yǐ) → para, con el fin de
收 (shōu) → recoger, reunir, contener
其 (qí) → su
精 (jīng) → esencia
→ No distraerse por las voces de la gente, de este modo cultivar y conservar la esencia
En un primer nivel, puede entenderse, como la necesidad de trabajar en un entorno libre de ruido e interrupciones. No se trata solo de evitar el sonido físico, sino de crear las condiciones adecuadas para que la percepción sea clara y continua. En la práctica clínica, esto permite que la atención del terapeuta no se vea fragmentada por estímulos externos que puedan interferir en la observación y en la acción.
En un sentido más profundo, la frase apunta a una actitud interna: no “escuchar” aquello que no es relevante. Escuchar, en este contexto, no significa únicamente oír, sino dar entrada en la mente. Implica no dejarse arrastrar por pensamientos, opiniones o estímulos que desvíen la atención del momento presente. Es una forma de proteger la claridad mental, evitando que lo accesorio interfiera con lo esencial.
Cabe resaltar la idea de que este “ruido de la gente” no es solo una molestia externa, sino algo que puede socavar la propia esencia. En el contexto del Língshū, no se trata únicamente de sonido, sino de todo aquello que irrumpe en la mente y dispersa la atención: opiniones, estímulos innecesarios, preocupaciones o interferencias que desvían al practicante de lo esencial.
Cuando la atención se fragmenta de este modo, no solo se pierde claridad, sino que también se produce un desgaste interno. La energía se dispersa, la percepción se vuelve menos precisa y la capacidad de respuesta se debilita. Por eso, evitar este “ruido” no es una cuestión de aislamiento, sino de protección: preservar la integridad de la mente para poder conservar la esencia y actuar con coherencia y eficacia.
En el imaginario colectivo, la figura del sabio difícilmente se asocia a la multitud, sino a la retirada y al recogimiento, a menudo simbolizados en la soledad de la montaña.
必一其神, 令志在鍼 - bì yī qí shén, lìng zhì zài zhēn
必 (bì) → necesariamente, debe, es imprescindible
一 (yī) → uno, unificar, hacer uno
其 (qí) → su
神 (shén) → espíritu, conciencia, estado mental
令 (lìng) → hacer que, dirigir, ordenar
志 (zhì) → voluntad, intención profunda, determinación
在 (zài) → estar en, situarse en
鍼 (zhēn) → aguja (forma clásica de 針)
→ Es necesario unificar el espíritu y dirigir la voluntad enteramente hacia la punción
La expresión 必一其神 puede entenderse en relación con el principio de 守一 (shǒu yī), “guardar la unidad” o “preservar el Uno”, ampliamente desarrollado en la tradición daoísta. En este contexto, 一 (yī) no se refiere solo a “uno” en sentido numérico, sino a un estado de integridad en el que la mente deja de estar fragmentada y retorna a una condición de simplicidad, coherencia y presencia. Unificar el shén implica precisamente eso: recoger la dispersión y regresar a un centro.
Este “preservar el Uno” no es un concepto abstracto, sino una experiencia práctica. La mente, habitualmente dividida entre estímulos, pensamientos y reacciones, se reúne y se estabiliza. En términos de cultivo interno, es el paso previo a cualquier acción eficaz: sin esta unidad, la percepción se fragmenta y la intención pierde dirección. Por eso, 必一其神 no solo indica concentración, sino una forma de retorno a un estado original de claridad.
Desde esta perspectiva, la práctica de la acupuntura —y, por extensión, cualquier disciplina— comienza con este gesto interno de reunificación. Preservar el Uno no significa forzar la mente, sino dejar de dispersarla. Cuando el shén se establece en esa unidad, la acción posterior puede surgir con naturalidad y precisión, sin interferencias.
Así, Zhì (志), la voluntad —asociada al Riñón—, expresa una intención profunda que se dirige por completo hacia la acción. No se trata solo de ejecutar una tarea, sino de alinear lo que hacemos con una dirección interna más esencial, en la que la acción se convierte en una expresión coherente de nuestro propósito.
El practicante debe residir profundamente en un lugar de quietud y discernir las idas y venidas del espíritu con sus puertas y ventanas [sensoriales] cerradas. Las almas etéreas (hun) y corpóreas (po) no deben dispersarse, unificar el espíritu (shen) y concentrar la atención (yi). Distinguir entre Jing y Qi. No distraerse por las voces de la gente, de este modo cultivar y conservar la esencia (jing). Es necesario unificar el espíritu y dirigir la voluntad (zhi) enteramente hacia la punción.
Huangdi Neijing · Lingshu (黃帝內經·靈樞)
Sobre el autor:

David Quiroga
Estudio, experimento y escribo, intentando siempre seguir este orden. Explorador del equilibrio entre nuestras diferentes manifestaciones —física, energética y espiritual— en la aparente individualidad, formando parte de un todo. Practicante de Medicina China, Shiatsu, meditación y otras artes —marciales y no marciales— encuentro en la naturaleza y la montaña mi refugio e inspiración.




