En la tradición china, la pintura, la caligrafía, la medicina y las prácticas de cultivo interno comparten una misma raíz: comprender cómo circula el qi y cómo se expresa la vida en cada gesto. Los Seis Cánones formulados por Xie He en el siglo VI no solo explican qué hace que una pintura esté “viva”, sino que revelan una filosofía profunda sobre la armonía interna y el equilibrio con la naturaleza.
En la pintura china, el trazo nace del mismo lugar que la respiración, y el movimiento vital que debe aparecer en la obra es el mismo que buscamos cultivar a través del qigong, la acupuntura o la meditación. Por eso estos principios estéticos son también principios presentes en todas las artes: hablan de energía, estructura, observación, equilibrio y aprendizaje continuo.
Los Seis Cánones de Xie He
- 氣韻生動 (qi yun sheng dong) “Resonancia espiritual y movimiento vital.”: El criterio fundamental: la obra debe poseer vida, energía interna y presencia. No importa la técnica si no transmite vitalidad.
- 骨法用筆 (gu fa yong bi) “Método del hueso: uso del pincel.”: El trazo debe ser firme, estructurado y expresivo. Representa la conexión entre caligrafía y pintura: el carácter del artista se revela en el pincel.
- 應物象形 (ying wu xiang xing): “Correspondencia con el objeto: captar la forma.”: La capacidad de representar la forma esencial del motivo. No busca realismo fotográfico, sino fidelidad a la naturaleza interna del objeto.
- 隨類賦彩 (sui lei fu cai) “Aplicar el color según la naturaleza del objeto.”: Uso adecuado y coherente del color, respetando la armonía y el carácter del motivo. No implica necesariamente color realista, sino equilibrio tonal.
- 經營位置 (jing ying wei zhì) “Planificación y disposición.”: La composición: organización del vacío y lo lleno, equilibrio dinámico y estructura espacial. Fundamental en la pintura de paisaje.
- 傳移模寫 (chuan yi mo xie): “Transmitir y copiar los modelos.”: El aprendizaje mediante la copia de obras maestras. No es imitación mecánica, sino transmisión del espíritu y comprensión profunda del estilo.
Los principios que Xie He formuló en el siglo VI no surgieron de la nada: ya estaban presentes en la sensibilidad y el pensamiento de maestros anteriores, como Zong Bing (宗炳, 373–443), que entendían la pintura como una manifestación del espíritu y del orden natural. En su “Prefacio a la pintura de montañas y aguas” (畫山水序) afirma que cada forma de la naturaleza —montañas, ríos, bosques, nubes— contiene un espíritu interno que refleja el orden del Dao. La función del pintor, por tanto, no es copiar la apariencia externa, sino manifestar ese espíritu que “reside” en todas las cosas.
Para lograrlo, Zong Bing insiste en la necesidad de equilibrar dos fuentes de percepción: lo que reciben los ojos y lo que comprende la mente-corazón (xin). La visión externa aporta el contorno, las proporciones y el ritmo visible del paisaje; la percepción interna aporta la comprensión intuitiva de su energía, su carácter y su sentido profundo. Cuando ambas dimensiones se unen, la pintura deja de ser una simple representación y se convierte en un modo de entrar en contacto con la realidad interna del mundo natural.
Las montañas y las aguas revelan el Dao mediante su forma; el sabio lo capta mediante el corazón (心 - xin).
Zong Bing (宗炳, 373–443)
El concepto de xin es central en el pensamiento de Zong Bing. En la tradición china, el corazón-mente no es solo un órgano emocional: es el lugar donde se asientan la claridad, la intuición y la capacidad de recibir el Dao. Zong Bing señala que solo un corazón apaciguado y receptivo puede captar la estructura espiritual del paisaje, y solo desde ese estado la pintura puede expresar realmente su presencia viva.
Para Wang Wei (王微, 415–453), pintor y teórico de la dinastía Liu Song, la pintura es una vía para trascender las limitaciones de los sentidos y acceder a los procesos profundos que gobiernan la naturaleza. El ojo humano, afirmaba, solo percibe una parte del mundo visible, mientras que el pintor, mediante un pincel verdaderamente inspirado, puede revelar la totalidad: la multiplicidad de formas y energías que componen el universo. Cuando el artista logra transmitir el qi de cada forma, la imagen resultante no es una copia, sino una manifestación del qi que sostiene y mueve todas las cosas.
Según Wang Wei, para expresar la energía interna del universo, el pintor debe penetrar en los secretos de la naturaleza y comprender sus ritmos, transformaciones y correspondencias. Su pensamiento coincide con el propósito fundamental del I Ching: investigar los procesos ocultos del cambio y acceder al orden del Dao. Así, la pintura se convierte en un camino de conocimiento, capaz de revelar la estructura viva del mundo.
Estas ideas, sitúan la pintura en el mismo ámbito de exploración que las grandes tradiciones filosóficas chinas y conectan directamente con la visión de la tradición medica clásica, donde la armonía del shen, la fluidez del qi y el equilibrio interno dependen tanto de la sensibilidad perceptiva como de la estabilidad del corazón-mente; arte, naturaleza y salud confluyen en un mismo propósito. En la visión de estos calígrafos y pintores, contemplar o pintar un paisaje es una práctica que ordena la energía, aclara la mente y restablece la conexión con la naturaleza. Esta actitud frente a la expresión artística se resume en el célebre "qi yun sheng dong", el primer Canón de Xie He, donde la armonía interna del qi es la medida de toda obra auténtica.
Sobre el autor:

David Quiroga
Estudio, experimento y escribo, intentando siempre seguir este orden. Explorador del equilibrio entre el cuerpo físico, energético y espiritual, con años de experiencia en terapias tradicionales. Practicante de artes marciales y técnicas de meditación asiáticas, encuentro en la naturaleza y la montaña mi refugio e inspiración.




