Si por algo destaca la acupuntura japonesa es por su exquisita sensibilidad. En cada gesto, en la manera de sostener la aguja, de localizar los puntos o de percibir el pulso bajo la yema de los dedos, se manifiesta el espíritu del refinamiento que impregna todas las artes tradicionales niponas. Este arte de la precisión nace de una profunda escucha del cuerpo y del Qi (氣), donde el tacto cobra un destacado protagonismo y la atención se convierte en vía de conocimiento. Esa forma de entender la acupuntura tiene un nombre propio: Waichi Sugiyama.
Waichi Sugiyama (1610–1694) es considerado el padre de la acupuntura japonesa. Ciego desde joven, convirtió su limitación en una fuente de sensibilidad y precisión, transformando para siempre la práctica médica de su tiempo. En el siglo XVII, desarrolló el shinkan, un tubo guía que permitió insertar las agujas con suavidad y seguridad, haciendo la acupuntura menos dolorosa y más accesible.
Su búsqueda de perfección lo llevó a una experiencia espiritual en la isla de Enoshima, donde —según la leyenda— recibió la inspiración divina para crear su instrumento. A partir de entonces, dedicó su vida a enseñar, escribir y fundar escuelas para personas ciegas, elevando la acupuntura y el masaje (anma) a profesiones respetadas y socialmente reconocidas en Japón.
Más de tres siglos después, su legado sigue vivo. La técnica del shinkan es hoy parte esencial de la acupuntura japonesa, y la tradición de acupuntores ciegos continúa floreciendo. La vida de Sugiyama no solo es una lección de ingenio y perseverancia, sino también un recordatorio de cómo la sensibilidad y el tacto deben guiar los caminos de sabiduría y sanación.
Resumen cronológico de la vida de Waichi Sugiyama (杉山 和, 1610–1694)
El legado de Waichi Sugiyama: sensibilidad, técnica y humanidad en la acupuntura japonesa
Su contribución más conocida fue la invención del shinkan, un pequeño tubo guía que permite insertar la aguja con suavidad y exactitud. Este sencillo instrumento, inspirado según la leyenda por la diosa Benten durante su retiro espiritual en la isla de Enoshima, revolucionó la acupuntura al hacerla menos dolorosa, más segura y accesible incluso para los ciegos. Hoy, más de tres siglos después, el shinkan sigue siendo una herramienta fundamental para acupuntores de todo el mundo.

Algunos tubos de inserción (shinkan) de acero actuales
Pero el legado de Sugiyama va más allá de la técnica. Su ceguera lo llevó a desarrollar una sensibilidad extraordinaria en las manos, con la que perfeccionó el arte de la palpación y el diagnóstico abdominal (hara). A través del tacto, era capaz de percibir los desequilibrios del Qi en el abdomen y comprender el estado de los órganos internos, creando así un sistema diagnóstico que sigue siendo esencial en la práctica japonesa.
El uso del diagnóstico por el hara —priorizado en Japón frente a otros métodos como la observación de la lengua— tiene su origen en la práctica desarrollada por acupuntores ciegos. Al basarse en la palpación del abdomen, esta técnica permitió a los practicantes acceder al cuerpo del paciente a través del tacto, convirtiendo las manos en verdaderos órganos de percepción.
En la tradición japonesa, el hara se considera el centro vital del cuerpo, el eje donde se unen la energía física, emocional y espiritual. Trabajar desde este punto ofrece una comprensión profunda del estado global de la persona y permite percibir desequilibrios que a menudo no se manifiestan de otro modo. Además, al ser más accesible que el diagnóstico por el pulso, el trabajo con el hara ofrece al acupuntor en formación un camino directo, sensible y preciso hacia la comprensión del paciente.
El abdomen, además de ser una fuente de diagnóstico, se convierte también en un espacio de tratamiento. De esta visión surge el ampuku, una técnica manual japonesa que estimula el flujo del Qi y armoniza los órganos internos a través del masaje del hara, integrando así diagnóstico y terapia en un mismo acto de sanación.
Sugiyama dedicó su vida a la educación y dignificación de las personas ciegas. Con el apoyo del shogun Tokugawa Tsunayoshi, fundó en 1685 la Shinji Gakumonsho, la primera escuela del mundo destinada a formar acupuntores ciegos. Posteriormente, creó más de cuarenta escuelas similares en todo Japón, dando a miles de personas la oportunidad de ejercer una profesión respetada y útil para la sociedad.
Sus enseñanzas se recopilaron en obras fundamentales como el Sugiyama Ryū Sanbusho (1682) y el Sugiyama Shinden Ryū (siglo XVIII), que se convirtieron en la base de la Escuela Sugiyama, una de las principales tradiciones de acupuntura en Japón.
Hoy, su influencia sigue viva: se estima que uno de cada tres acupuntores japoneses es ciego, y todos —videntes o no— siguen usando el shinkan que él ideó. En Tokio, el santuario Ejima Sugiyama Jinja lo honra como “el dios de la acupuntura”, símbolo de la unión entre sensibilidad, técnica y espíritu.
Sobre el autor:

David Quiroga
Estudio, experimento y escribo, intentando siempre seguir este orden. Explorador del equilibrio entre el cuerpo físico, energético y espiritual, con años de experiencia en terapias tradicionales. Practicante de artes marciales y técnicas de meditación asiáticas, encuentro en la naturaleza y la montaña mi refugio e inspiración.




