Cuando se habla del “calendario lunar chino” suele darse por hecho que es un calendario basado únicamente en la Luna. En realidad, el sistema tradicional chino es lunisolar: combina la Luna para organizar los meses y el Sol para mantener el año alineado con las estaciones.
- Meses (lunares): cada mes comienza con la luna nueva (la conjunción astronómica Sol–Luna). Por eso los meses tienen una duración variable de 29 o 30 días, siguiendo el ciclo lunar (≈29,5 días de media).
- Año y estaciones (solares): para que el calendario no se desplace respecto a la primavera, el verano, etc., se usa como referencia el recorrido anual del Sol a través de los 24 términos solares (二十四節氣), que describen con precisión los cambios estacionales.
- Ajuste (mes intercalar): cuando la cuenta lunar se desajusta respecto a esos hitos solares, se inserta un mes intercalar (閏月). No ocurre “cada X años” de forma fija, sino según un criterio astronómico.
Por eso, aunque se le llame “lunar”, su función real es más ambiciosa: mantener sincronizados los ritmos de la Luna (meses) con el ciclo del Sol (estaciones). Y eso explica por qué muchas festividades tradicionales no solo dependen de una fecha, sino también de fases lunares y del momento estacional.
El problema astronómico
El calendario basado exclusivamente en la Luna presenta un inconveniente matemático inevitable. Un mes lunar —de luna nueva a luna nueva— dura aproximadamente 29,53 días. Si se suman doce meses, el resultado es un año de unos 354 días.
Sin embargo, el año solar trópico —el tiempo real que tarda la Tierra en completar una órbita alrededor del Sol y volver al mismo punto estacional— dura aproximadamente 365,24 días. La diferencia entre ambos ciclos es de unos 11 días cada año.
Un año lunar (≈354 días) es unos 11 días más corto que el año solar trópico (365,24 días), lo que genera un desfase acumulativo que, si no se corrige, desplaza las estaciones.
Ese desfase puede parecer pequeño, pero es acumulativo. En tres años la diferencia supera el mes completo. Si no se corrige, las estaciones comenzarían a desplazarse progresivamente dentro del calendario: la primavera llegaría cada vez antes en la cuenta lunar, y en pocas décadas las festividades agrícolas quedarían completamente fuera de su contexto climático.
Para una civilización profundamente agrícola, esto era un problema estructural. No bastaba con seguir las fases de la Luna; era necesario mantener la coherencia entre los ciclos lunares y el ritmo estacional marcado por el Sol. De esa tensión astronómica nace el carácter lunisolar del calendario tradicional chino.
La solución: los 24 términos solares (二十四節氣)
Para resolver el desfase entre el año lunar y el año solar, la tradición china desarrolló un sistema de extraordinaria precisión: los 24 términos solares (二十四節氣). No son fechas arbitrarias, sino divisiones astronómicas del recorrido aparente del Sol a lo largo de la eclíptica.
El movimiento anual del Sol se divide en 24 segmentos iguales de 15 grados cada uno. Cada vez que el Sol alcanza uno de esos puntos exactos de longitud celeste, comienza un nuevo término. De este modo, el calendario queda anclado a la posición real del Sol y, por tanto, a las estaciones.

Estos 24 términos se subdividen en dos grupos: 12 節氣, que marcan transiciones estacionales, y 12 中氣, situados en múltiplos exactos de 30 grados. Los 中氣 son especialmente importantes, porque determinan la estructura del calendario y permiten decidir cuándo debe añadirse un mes intercalar.
12 中氣 (términos principales, cada 30°)
| Nº | Longitud solar | Nombre (中氣) | Pinyin | Significado |
|---|---|---|---|---|
| 1 | 0° | 春分 | chūnfēn | Equinoccio de primavera |
| 2 | 30° | 穀雨 | gǔyǔ | Lluvia de grano |
| 3 | 60° | 小滿 | xiǎomǎn | Pequeña plenitud |
| 4 | 90° | 夏至 | xiàzhì | Solsticio de verano |
| 5 | 120° | 大暑 | dàshǔ | Gran calor |
| 6 | 150° | 處暑 | chǔshǔ | Fin del calor |
| 7 | 180° | 秋分 | qiūfēn | Equinoccio de otoño |
| 8 | 210° | 霜降 | shuāngjiàng | Descenso de escarcha |
| 9 | 240° | 小雪 | xiǎoxuě | Pequeña nieve |
| 10 | 270° | 冬至 | dōngzhì | Solsticio de invierno |
| 11 | 300° | 大寒 | dàhán | Gran frío |
| 12 | 330° | 雨水 | yǔshuǐ | Agua de lluvia |
12 節氣 (términos intermedios, cada 15° alternos)
| Nº | Longitud solar | Nombre (節氣) | Pinyin | Significado |
|---|---|---|---|---|
| 1 | 15° | 清明 | qīngmíng | Claridad pura |
| 2 | 45° | 立夏 | lìxià | Inicio del verano |
| 3 | 75° | 芒種 | mángzhòng | Siembra de espigas |
| 4 | 105° | 小暑 | xiǎoshǔ | Pequeño calor |
| 5 | 135° | 立秋 | lìqiū | Inicio del otoño |
| 6 | 165° | 白露 | báilù | Rocío blanco |
| 7 | 195° | 寒露 | hánlù | Rocío frío |
| 8 | 225° | 立冬 | lìdōng | Inicio del invierno |
| 9 | 255° | 大雪 | dàxuě | Gran nieve |
| 10 | 285° | 小寒 | xiǎohán | Pequeño frío |
| 11 | 315° | 立春 | lìchūn | Inicio de la primavera |
| 12 | 345° | 驚蟄 | jīngzhé | Despertar de los insectos |
Más que simples referencias astronómicas, los términos solares reflejan cambios observables en el clima, la agricultura y la naturaleza. Son un puente entre cálculo celeste y experiencia terrestre: el cielo se convierte en medida del tiempo vivido.
Regla técnica del mes intercalar (閏月)
El calendario tradicional chino no añade un mes extra siguiendo un patrón fijo, como ocurre con los años bisiestos en el calendario gregoriano. El ajuste se realiza mediante un criterio astronómico preciso, basado en la posición real del Sol en la eclíptica.
Cada mes comienza en la luna nueva astronómica. Paralelamente, el movimiento anual del Sol se divide en 24 términos solares, como hemos visto, de los cuales 12 son 中氣 (múltiplos exactos de 30° de longitud solar). Estos términos principales marcan puntos estacionales clave y actúan como referencia estructural del calendario.
La regla es simple en su formulación, aunque compleja en su cálculo: Si entre dos lunas nuevas consecutivas no ocurre ningún 中氣, ese mes se convierte en mes intercalar (閏月).
La regla técnica del mes intercalar es simple en su formulación, aunque compleja en su cálculo: Si entre dos lunas nuevas consecutivas no ocurre ningún 中氣, ese mes se convierte en mes intercalar (閏月).
El mes intercalar no introduce un nuevo número en la secuencia mensual; repite el número del mes anterior (por ejemplo, 閏四月). De este modo, el calendario mantiene sincronizados los ciclos lunares con el ritmo solar, evitando que las estaciones se desplacen con el paso de los años.
En promedio, se insertan siete meses intercalares cada diecinueve años, pero no siguiendo una regla aritmética fija, sino a partir de cálculos astronómicos reales. Así, el sistema permanece dinámico y ajustado al cielo, no a una fórmula abstracta.
Dimensión histórica
El calendario fue, desde muy temprano, una cuestión de Estado. Ya en la dinastía Shang existen registros de meses lunares y observaciones astronómicas sistemáticas. Con el tiempo, el cálculo calendárico se convirtió en una competencia técnica reservada a especialistas al servicio del poder central.
Durante las dinastías imperiales, la elaboración del almanaque oficial era responsabilidad de astrónomos de la corte. No se trataba solo de organizar festividades: el calendario regulaba la agricultura, la recaudación, los rituales y la administración del imperio. Unificar el tiempo significaba unificar el territorio.
Además, el calendario tenía una dimensión simbólica profunda. En la concepción tradicional china, fenómenos celestes como eclipses podían interpretarse como señales sobre la legitimidad del gobernante. La capacidad del Estado para predecirlos reforzaba la autoridad imperial y su vínculo con el orden cósmico.
En China los fenómenos celestes como eclipses podían interpretarse como señales sobre la legitimidad del gobernante. La capacidad del Estado para predecirlos reforzaba la autoridad imperial y su vínculo con el orden cósmico.
Por ello, el calendario no era simplemente una herramienta técnica. Era un instrumento político y cosmológico: una forma de expresar que el gobierno humano estaba en armonía con el movimiento del cielo.
Intento de abolición y solución moderna
A comienzos del siglo XX, tras la caída del sistema imperial, el nuevo gobierno republicano adoptó oficialmente el calendario gregoriano como estándar civil. El objetivo era modernizar la administración y alinearse con los sistemas internacionales de cómputo del tiempo. Hubo incluso intentos de sustituir las festividades tradicionales ligadas al calendario lunisolar.
Sin embargo, la resistencia cultural fue significativa. Muchas celebraciones —como el Año Nuevo o el Festival de Medio Otoño— están definidas por fases lunares y posiciones estacionales específicas. Separarlas del calendario tradicional habría supuesto despojarlas de su sentido original.
La solución fue una convivencia de sistemas. Hoy, el calendario gregoriano regula la vida civil, administrativa y comercial, mientras que el calendario tradicional, denominado 農曆 (calendario agrícola), continúa marcando festividades, rituales y referencias estacionales. No fue una sustitución, sino una superposición de tiempos.
Para determinar la fecha del Año Nuevo chino no se utiliza una fecha fija, pero tampoco es una elección arbitraria. Se define como la segunda luna nueva después del solsticio de invierno (冬至). Esta regla garantiza que el primer mes del año permanezca vinculado al ciclo estacional y que el mes once contenga siempre el solsticio.
La fecha del Año Nuevo chino se define como la segunda luna nueva después del solsticio de invierno (冬至).
Gracias a este criterio, el inicio del año queda firmemente anclado al movimiento real del Sol y a la dinámica lunar. No es solo una convención cultural, sino una consecuencia directa del diseño lunisolar del calendario.
Un sistema para vivir en sincronía
El calendario tradicional chino no es únicamente un método para contar días. Es una forma de relacionar el tiempo humano con los ritmos del cielo. La Luna organiza los meses; el Sol estructura las estaciones; el mes intercalar corrige el desfase entre ambos.
En este sentido, el calendario no mide un tiempo abstracto, sino un tiempo observado. Nace de la contemplación del cielo y de la necesidad agrícola de anticipar los cambios estacionales. Es una síntesis entre astronomía precisa y experiencia natural.
Esa combinación explica su continuidad. Aunque hoy conviva con el calendario gregoriano, el sistema tradicional sigue ofreciendo algo más que fechas: ofrece una manera de comprender el tiempo como proceso cíclico y coherente con la naturaleza.
Sobre el autor:

David Quiroga
Estudio, experimento y escribo, intentando siempre seguir este orden. Explorador del equilibrio entre nuestras diferentes manifestaciones —física, energética y espiritual— en la aparente individualidad, formando parte de un todo. Practicante de Medicina China, Shiatsu, meditación y otras artes —marciales y no marciales— encuentro en la naturaleza y la montaña mi refugio e inspiración.




