En la Medicina China, la enfermedad no se entiende como un simple fallo del cuerpo, sino como una manifestación del desequilibrio entre las fuerzas vitales que nos mantienen en armonía con el entorno: el Qi, la Sangre, el Yin y el Yang. Este enfoque milenario observa al ser humano como una unidad inseparable de cuerpo, mente y espíritu, donde cada pensamiento, emoción o cambio del entorno puede influir en la salud.
A diferencia de la visión occidental, que suele centrarse en el síntoma, la Medicina China busca la raíz del desequilibrio. Examina cómo los factores externos —como el clima, la alimentación o los hábitos de vida— y los internos —como las emociones o el exceso de pensamientos— pueden alterar la circulación del Qi y abrir la puerta a la enfermedad.
Comprender el origen del desequilibrio es el primer paso hacia la curación. Desde esta perspectiva, la salud no es solo la ausencia de dolor, sino el resultado de una relación armónica entre el individuo, su entorno y su propio mundo interior.
La Medicina China distingue tres tipos de causas que pueden originar la enfermedad. Las causas externas provienen del entorno y se relacionan con los cambios climáticos —viento, frío, calor, humedad, sequedad y fuego— que, al penetrar el cuerpo, alteran el flujo del Qi. Las causas internas surgen de los desequilibrios emocionales; cuando una emoción domina o se reprime, perturba el funcionamiento de los órganos y la armonía entre el Yin y el Yang. Finalmente, existen las causas ni internas ni externas, que incluyen una alimentación inadecuada, el exceso o la falta de actividad, traumatismos, intoxicaciones o malos hábitos. Comprender estas tres dimensiones permite abordar la enfermedad desde su raíz y restaurar el equilibrio natural del organismo.

Causas o Factores de la enfermedad
Factores externos (Liu Xie 六邪)
Los factores externos, conocidos en la Medicina China como “los seis factores patógenos” o “los seis demonios” (Liu Xie 六邪), representan las influencias del clima y el entorno que pueden afectar al organismo cuando las defensas internas están debilitadas. Estos factores —viento, frío, humedad, sequedad, calor y fuego— no son en sí negativos, pues forman parte natural del equilibrio entre el ser humano y la naturaleza. Sin embargo, cuando se presentan de manera excesiva, prolongada o el cuerpo está vulnerable, pueden invadir el organismo y alterar la circulación del Qi, generando enfermedad.
Cada uno de estos factores se asocia con determinadas estaciones, órganos y manifestaciones clínicas:
- El viento (Feng 風) es cambiante y se relaciona con el Hígado y las enfermedades de aparición súbita.
- El frío (Han 寒) contrae y enlentece, afectando al Riñón y la circulación.
- La humedad (Shi 濕) tiende a estancar el Qi, perjudicando el Bazo.
- La sequedad (Zao 燥) agota los líquidos corporales y afecta al Pulmón.
- El calor (Shu 暑) y el fuego (huo/re 火/熱) generan inflamación, sed y agitación interna y afectan principalmente al Corazón.
Los llamados “factores epidémicos” (Yi Qi 疫氣) fueron incorporados al estudio de las causas de la enfermedad por el médico Chen Yan (陳言) en el siglo XII, durante la dinastía Song1. En su obra San Yin Ji Yi Bing Zheng Fang Lun (“Tratado de las enfermedades por las tres causas”), Chen Yan amplió la clasificación tradicional de las causas de enfermedad e introdujo este concepto para explicar aquellas patologías que no podían atribuirse a factores climáticos comunes ni a causas internas, sino a agentes patógenos específicos, altamente contagiosos y de rápida propagación.
En conjunto, estos factores muestran cómo la Medicina China entiende la enfermedad como una interacción dinámica entre el ser humano y su entorno, donde mantener la armonía con las fuerzas naturales es esencial para conservar la salud.
Factores internos (Qi Qing 七情)
En la Medicina China, las emociones no son vistas como algo negativo, sino como manifestaciones naturales del movimiento del Qi (energía vital). Sin embargo, cuando una emoción es demasiado intensa, prolongada o reprimida, pierde su función armónica y se convierte en una causa interna de enfermedad. A estas emociones se las conoce como las “siete pasiones”2 o “siete emociones” (Qi Qing 七情), y su influencia recae directamente sobre los órganos Zang (órganos Yin), alterando su energía y, por extensión, la del cuerpo y la mente.
Cada emoción tiene una relación específica con un órgano y un tipo de desequilibrio:
- Alegría (Xi 喜) → Corazón. En exceso dispersa el Qi y puede agitar el Shen, causando euforia, insomnio o palpitaciones.
- Ira (Nu 怒) → Hígado. Hace ascender el Qi bruscamente, generando cefaleas, tensión muscular, hipertensión o enrojecimiento facial.
- Preocupación (Si 思) → Bazo. Estanca el Qi y debilita la digestión, provocando fatiga, falta de apetito o digestiones lentas.
- Tristeza (Bei 悲) → Pulmón. Consume el Qi y lo hace descender, originando debilidad, respiración superficial o melancolía.
- Miedo (Kong 恐) → Riñón. Hace descender el Qi de forma súbita, afectando la energía vital y pudiendo causar incontinencia o debilidad lumbar.
- Sobresalto o susto (Jing 驚) → Corazón y Riñón. Dispersa el Qi y perturba el Shen, generando ansiedad, palpitaciones o insomnio.
- Aflicción o pesar (You 憂) → Pulmón. Muy próxima a la tristeza, produce cierre del pecho, opresión torácica y agotamiento energético.
Estas emociones, cuando se mantienen en equilibrio, son esenciales para el crecimiento interior y la expresión vital. Pero si se desbordan o reprimen, perturban el flujo del Qi y generan enfermedad. En la visión china, cultivar la serenidad emocional es tan importante como cuidar la alimentación o el descanso, porque la salud comienza en la armonía del Corazón.
Los factores ni internos ni externos (bu nei wai yin 不内外因)
Además de las causas externas e internas, la Medicina China reconoce un tercer grupo conocido como “factores ni internos ni externos” (不内外因, bú nèi wài yīn). Estos no provienen directamente del clima ni de las emociones, sino de hábitos, circunstancias o agentes diversos que alteran el equilibrio del organismo. Aunque suelen actuar de manera más gradual, su influencia es profunda, ya que afectan directamente al Qi, la Sangre y los órganos vitales.
Entre los más comunes se incluyen:
- Alimentación inadecuada: el exceso, la deficiencia o el consumo habitual de alimentos de naturaleza demasiado fría, caliente o grasosa pueden dañar el Bazo y el Estómago, origen del Qi y la Sangre.
- Actividad física excesiva o insuficiente: tanto el agotamiento como la inactividad estancan o debilitan la energía vital.
- Actividad sexual excesiva: Eespecialmente la eyaculación frecuente en el hombre o el agotamiento físico y emocional en la mujer, consume el Jing (精), la esencia vital almacenada en los Riñones.
- Descanso inadecuado o insuficiente: La falta de descanso agota el Yin y el Jing, impide la regeneración del Qi y rompe el equilibrio entre Yin y Yang, debilitando cuerpo y mente.
- Traumatismos o lesiones: bloquean la circulación del Qi y la Sangre, originando dolor o inflamación.
- Parásitos, toxinas y venenos: alteran la pureza del organismo y perturban el equilibrio interno.
- Errores en tratamientos médicos o uso inadecuado de fármacos: pueden dañar el Qi, el Yin o el Yang.
En conjunto, estos factores muestran que la enfermedad también puede surgir del modo en que vivimos y nos relacionamos con el entorno físico y social. La prevención, la moderación y la adaptación consciente a las circunstancias son, para la Medicina China, el camino esencial para conservar la salud y evitar la aparición del desequilibrio.
Sobre el autor:

David Quiroga
Estudio, experimento y escribo, intentando siempre seguir este orden. Explorador del equilibrio entre el cuerpo físico, energético y espiritual, con años de experiencia en terapias tradicionales. Practicante de artes marciales y técnicas de meditación asiáticas, encuentro en la naturaleza y la montaña mi refugio e inspiración.




