Los Diez Mundos: estados de la mente y caminos hacia el despertar

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Los Diez Mundos o Diez Reinos del Dharma —en chino, shí fǎjiè 十法界; en japonés, jikkai 十界— amplían los seis destinos tradicionales incorporando cuatro estados relacionados con el despertar: los oyentes, los buddhas solitarios, los bodhisattvas y los buddhas.

No deben entenderse únicamente como una escala moral que asciende desde lo perjudicial hasta lo virtuoso. Aunque conservan su dimensión cosmológica como ámbitos de renacimiento, la tradición Tiantai(1) los contempla también como formas completas de experiencia: maneras de percibirnos, interpretar cuanto sucede y relacionarnos con los demás y con nuestro entorno.

La aportación más característica de Tiantai es la inclusión mutua de los Diez Mundos —en chino, shíjiè hùjù 十界互具; en japonés, jikkai gogu—. Cada mundo contiene en sí mismo a los otros nueve, de manera que ninguno constituye una condición aislada, pura o definitiva.

Cuando una persona queda dominada por la ira, manifiesta el mundo de los infiernos: todo cuanto percibe puede aparecer como hostil o doloroso. Sin embargo, dentro de ese mismo estado no desaparecen por completo su humanidad, su capacidad de compasión ni su posibilidad de despertar. Del mismo modo, la budeidad no existe separada de las condiciones ordinarias, sino que comprende e integra los otros nueve mundos sin quedar dominada por ellos.

Los Diez Mundos no son identidades fijas ni etapas que debamos recorrer en un orden determinado. Se manifiestan y se suceden de acuerdo con las causas y condiciones presentes, y cualquiera de ellos puede hacerse predominante en un momento concreto. Contemplarlos de este modo permite reconocer qué estado configura nuestra experiencia, cómo influye en nuestras acciones y qué otras posibilidades permanecen contenidas en su interior.

Mundo de los infiernos

Imagen representativa del Mundo de los Infiernos

Naraka-dhātu - 地獄法界 — Dìyù fǎjiè - Jigoku hokkai


Estado predominante: sufrimiento extremo, odio, miedo, desesperación o sensación de estar atrapado sin posibilidad de salida.

Cómo aparece el mundo: todo parece hostil, doloroso o amenazante. La experiencia queda ocupada por el sufrimiento y resulta difícil imaginar que exista algo más allá de él. Los infiernos calientes pueden evocar la ira que consume, mientras que los infiernos fríos recuerdan estados de aislamiento, parálisis y abandono.

Cómo actuamos: reaccionamos desde la agresividad, la defensa o la desesperación. Podemos atacar aquello que identificamos como causa de nuestro dolor o encerrarnos en nosotros mismos, reforzando las condiciones que mantienen el sufrimiento.

Inclusión de los demás mundos: incluso dentro del infierno permanecen presentes los otros nueve mundos. El reconocimiento consciente del propio dolor puede manifestar el mundo humano; la comprensión del sufrimiento ajeno, el del bodhisattva; y la contemplación sin identificación completa con él, el mundo del Buddha.

Transformación: comienza cuando reconocemos el sufrimiento como un estado condicionado y no como una identidad definitiva. Al observar las causas que lo alimentan y permitir la aparición de otras respuestas, el mundo infernal puede dejar de ocupar toda nuestra experiencia.

Mundo de los espíritus hambrientos

Imagen representativa del Mundo de los Espíritus Hambrientos

Preta-dhātu - 餓鬼法界 — Èguǐ fǎjiè - Gaki hokkai


Estado predominante: deseo insaciable, sensación de carencia, dependencia y dificultad para experimentar satisfacción.

Cómo aparece el mundo: la atención se dirige constantemente hacia aquello que falta. Incluso cuando obtenemos lo deseado, la satisfacción dura poco y pronto surge una nueva necesidad. La abundancia puede estar presente, pero la mente continúa experimentando escasez.

Cómo actuamos: buscamos acumular, consumir, retener o repetir aquello que promete aliviarnos. Las personas y las cosas pueden convertirse en medios para llenar un vacío que ninguna adquisición consigue colmar definitivamente.

Inclusión de los demás mundos: el deseo puede transformarse en rivalidad y manifestar el mundo de los asuras, o conducir al sufrimiento del mundo infernal. Pero también puede aparecer el mundo humano cuando reconocemos nuestra insatisfacción y el del bodhisattva cuando comprendemos que otros experimentan la misma sed.

Transformación: no consiste en eliminar toda necesidad, sino en reconocer cómo surge el deseo y distinguir entre aquello que realmente necesitamos y aquello con lo que tratamos de llenar una carencia interior. La atención, la moderación y la generosidad debilitan progresivamente su dominio.

Mundo de los animales

Imagen representativa del Mundo de los Animales

Tiryagyoni-dhātu - 畜生法界 — Chùshēng fǎjiè - Chikushō hokkai


Estado predominante: ignorancia, miedo, sometimiento a los impulsos y preocupación inmediata por la seguridad y la supervivencia.

Cómo aparece el mundo: el entorno se percibe principalmente en función del peligro, el alimento, la protección o la posición dentro del grupo. La capacidad de considerar consecuencias más amplias queda limitada por la urgencia de satisfacer las necesidades inmediatas.

Cómo actuamos: respondemos de manera automática, siguiendo hábitos profundamente arraigados. Podemos someternos ante quien consideramos más fuerte, imponernos sobre quien parece más débil o repetir una conducta conocida aunque produzca sufrimiento.

Inclusión de los demás mundos: el miedo puede conducir al infierno, la búsqueda compulsiva de seguridad al mundo de los pretas y la lucha por la posición al de los asuras. Sin embargo, cuando tomamos conciencia de nuestras reacciones aparece el mundo humano, y cuando cuidamos la vulnerabilidad de otros seres se manifiesta el bodhisattva.

Transformación: comienza introduciendo atención entre el estímulo y la respuesta. Reconocer nuestros automatismos permite que el instinto deje de determinar por completo la conducta y se integre dentro de una respuesta más consciente y adecuada.

Mundo de los asuras

Imagen representativa del Mundo de los Asuras

Asura-dhātu - 阿修羅法界 — Āxiūluó fǎjiè - Ashura hokkai


Estado predominante: comparación, rivalidad, orgullo, envidia y necesidad constante de demostrar la propia superioridad.

Cómo aparece el mundo: los demás son percibidos como competidores, amenazas o referencias frente a las cuales debemos medirnos. Incluso las situaciones favorables pueden vivirse con inquietud, porque siempre existe alguien que parece poseer más reconocimiento, poder o capacidad.

Cómo actuamos: competimos, discutimos y defendemos nuestra posición. Podemos esforzarnos intensamente, pero la acción está acompañada por desconfianza y temor a ser superados. El éxito proporciona alivio temporal, sin eliminar la necesidad de una nueva comparación.

Inclusión de los demás mundos: la rivalidad contiene el deseo de los pretas y puede desembocar en el sufrimiento de los infiernos. También puede transformarse en esfuerzo consciente propio del mundo humano o en energía dirigida al beneficio común cuando se manifiesta el mundo del bodhisattva.

Transformación: requiere reconocer que el valor propio no depende de ocupar una posición superior. La energía competitiva puede convertirse en perseverancia, disciplina y capacidad de superación cuando deja de organizarse alrededor de la comparación con los demás.

Mundo de los seres humanos

Imagen representativa del Mundo de los Seres Humanos

Manuṣya-dhātu - 人法界 — Rén fǎjiè - Ningen hokkai


Estado predominante: equilibrio inestable entre placer y sufrimiento, acompañado por capacidad de reflexión, responsabilidad y elección.

Cómo aparece el mundo: la vida contiene satisfacción y pérdida, encuentro y separación, salud y enfermedad. Ninguna de estas condiciones ocupa necesariamente toda la experiencia, lo que permite observarlas, aprender de ellas y preguntarnos cómo queremos responder.

Cómo actuamos: podemos detenernos antes de reaccionar, considerar las consecuencias y orientar conscientemente nuestra conducta. Esta libertad es limitada y condicionada, pero hace posible el aprendizaje, la práctica y la transformación.

Inclusión de los demás mundos: en la vida humana se manifiestan continuamente los otros nueve mundos: deseo, miedo, rivalidad, bienestar, aprendizaje, contemplación, compasión y sabiduría. Su presencia permite reconocer de manera directa la movilidad de nuestra experiencia.

Transformación: este mundo se desarrolla cuando utilizamos la capacidad de reflexión para conocer las causas de lo que experimentamos. Su especial valor no reside en estar libre de sufrimiento, sino en ofrecer condiciones favorables para comprenderlo y recorrer el camino del despertar.

Mundo de los devas

Imagen representativa del Mundo de los Devas

Deva-dhātu - 天法界 — Tiān fǎjiè - Ten hokkai


Estado predominante: bienestar, placer, seguridad, abundancia y confianza en que las condiciones favorables continuarán.

Cómo aparece el mundo: la existencia parece armoniosa y satisfactoria. El sufrimiento permanece temporalmente alejado y puede surgir la impresión de que la posición alcanzada es estable o constituye una cualidad permanente de nuestra vida.

Cómo actuamos: disfrutamos de las circunstancias favorables, pero podemos volvernos complacientes e indiferentes hacia el sufrimiento ajeno. La comodidad reduce la percepción de la impermanencia y puede debilitar la motivación para practicar.

Inclusión de los demás mundos: el mundo de los devas contiene el deseo de conservar sus placeres, la rivalidad frente a quienes amenazan su posición y el sufrimiento que aparecerá cuando cambien las condiciones. También contiene la generosidad del bodhisattva y la claridad del Buddha cuando la fortuna se contempla sin apego.

Transformación: consiste en disfrutar del bienestar sin considerarlo permanente ni exclusivamente propio. La gratitud, la generosidad y la conciencia de la impermanencia permiten convertir unas condiciones afortunadas en apoyo para la práctica y el cuidado de los demás.

Mundo de los oyentes

Imagen representativa del Mundo de los Oyentes

Śrāvaka-dhātu - 聲聞法界 — Shēngwén fǎjiè - Shōmon hokkai


Estado predominante: escucha atenta, disciplina y comprensión del sufrimiento a través de las enseñanzas del Buddha.

Cómo aparece el mundo: la experiencia comienza a contemplarse a la luz del Dharma. El sufrimiento deja de parecer un acontecimiento incomprensible y se reconoce como un proceso condicionado que puede ser conocido y transformado.

Cómo actuamos: escuchamos, estudiamos y ponemos en práctica las enseñanzas recibidas. Tratamos de abandonar aquello que produce sufrimiento y cultivar las condiciones que conducen hacia la liberación.

Inclusión de los demás mundos: el oyente continúa experimentando deseo, miedo o rivalidad, pero aprende a reconocerlos mediante la enseñanza. También contiene al Buddha solitario cuando verifica directamente lo aprendido, al bodhisattva cuando orienta su comprensión hacia los demás y al Buddha como posibilidad de realización completa.

Transformación: la enseñanza deja de ser solamente conocimiento recibido cuando se contrasta con la propia experiencia. Escuchar conduce entonces a observar, practicar y comprender, evitando tanto la aceptación puramente intelectual como la dependencia pasiva de la autoridad.

Mundo de los buddhas solitarios

Imagen representativa del Mundo de los Buddhas Solitarios

Pratyekabuddha-dhātu - 緣覺法界 — Yuánjué fǎjiè - Engaku hokkai


Estado predominante: contemplación, independencia interior y comprensión directa de las causas, las condiciones y la impermanencia.

Cómo aparece el mundo: los fenómenos se perciben como procesos relacionados, no como realidades aisladas y permanentes. El nacimiento y la desaparición de las cosas revelan el funcionamiento del origen dependiente.

Cómo actuamos: observamos cuidadosamente la experiencia y aprendemos de sus transformaciones. El silencio, la soledad y el contacto directo con la realidad se convierten en condiciones para una comprensión que no depende únicamente de explicaciones externas.

Inclusión de los demás mundos: el Buddha solitario contiene al oyente porque toda comprensión se apoya en condiciones anteriores, y contiene al bodhisattva y al Buddha como posibilidades todavía presentes. También pueden manifestarse en él el aislamiento o el apego a la propia realización.

Transformación: su comprensión se amplía cuando no permanece limitada a la liberación individual. Al encontrarse con el sufrimiento de los demás, la sabiduría contemplativa puede abrirse a la compasión activa del bodhisattva.

Mundo del bodhisattva

Imagen representativa del Mundo de los Bodhisattvas

Bodhisattva-dhātu - 菩薩法界 — Púsà fǎjiè - Bosatsu hokkai


Estado predominante: compasión, sabiduría y voluntad de contribuir al despertar de todos los seres.

Cómo aparece el mundo: el sufrimiento ajeno deja de percibirse como algo completamente separado del propio. La persona reconoce la interdependencia que la une a los demás y comprende que su bienestar no puede construirse ignorando las condiciones que afectan al conjunto.

Cómo actuamos: procuramos aliviar el sufrimiento sin imponer nuestra voluntad. La ayuda se adapta a las circunstancias y capacidades de cada persona mediante los medios hábiles (upāya). No nace solamente de una reacción emocional, sino de la unión entre compasión y discernimiento.

Inclusión de los demás mundos: el bodhisattva continúa conteniendo los otros nueve mundos. Puede experimentar miedo, deseo, rivalidad o sufrimiento, pero esas condiciones pueden convertirse en medios para comprender a quienes atraviesan estados semejantes. También contiene el mundo del Buddha, aunque su realización todavía se expresa como camino y aspiración.

Transformación: este mundo se manifiesta cuando dejamos de considerar la práctica como una búsqueda exclusivamente individual y orientamos nuestra comprensión hacia el cuidado de los demás. Su desarrollo requiere evitar tanto la indiferencia como una ayuda impulsiva que no tenga en cuenta las causas y condiciones presentes.

Mundo de los buddhas

Imagen representativa del Mundo de los Buddhas

Buddha-dhātu - 佛法界 — Fó fǎjiè - Butsu hokkai


Estado predominante: sabiduría, compasión, libertad interior y percepción no obstruida de la realidad.

Cómo aparece el mundo: los fenómenos se perciben en su vacuidad, en su existencia condicionada y en su realidad concreta, sin separar unas dimensiones de otras. El mundo ordinario no desaparece, pero deja de estar organizado por el apego, el rechazo y la identificación con un yo independiente.

Cómo actuamos: respondemos libremente a cada situación, sin quedar atrapados por hábitos defensivos o intereses exclusivamente personales. La acción surge de la comprensión de las condiciones presentes y se expresa como compasión adecuada a las necesidades de los seres.

Inclusión de los demás mundos: el mundo del Buddha contiene los otros nueve mundos sin quedar dominado por ellos. El Buddha comprende el sufrimiento de los infiernos, el deseo de los pretas, el miedo, la rivalidad y las limitaciones humanas porque ninguno de esos mundos se encuentra separado de la budeidad.

Transformación: desde la perspectiva Tiantai, la budeidad no consiste en escapar de los otros mundos ni en alcanzar una realidad situada fuera de ellos. Se manifiesta cuando reconocemos su inclusión mutua y vivimos cada condición con sabiduría, compasión y libertad.

Sobre el autor:

yunlinshanren

David Quiroga

Estudio, experimento y escribo, intentando siempre seguir este orden. Explorador del equilibrio entre nuestras diferentes manifestaciones —física, energética y espiritual— en la aparente individualidad, formando parte de un todo. Practicante de Medicina China, Shiatsu, meditación y otras artes —marciales y no marciales— encuentro en la naturaleza y la montaña mi refugio e inspiración.

 

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