A menudo calificamos lo que nos sucede como bueno o malo en el mismo momento en que ocurre. Celebramos aquello que parece favorecernos y lamentamos lo que consideramos una pérdida. Sin embargo, el paso del tiempo puede revelar consecuencias que no habíamos imaginado.
Un antiguo relato chino nos invita a contemplar los acontecimientos con una mirada más amplia y a reconocer que la fortuna y la desgracia pueden ser tan solo un comienzo.
El anciano de la frontera y su caballo
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Cerca de la frontera vivía un hombre conocido por su sabiduría. Un día, sin motivo aparente, su caballo escapó hacia las tierras vecinas.
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Al enterarse de lo ocurrido, las personas que lo conocían acudieron a consolarlo.
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—¡Qué mala suerte, viejo maestro! Su mejor caballo se ha escapado y ahora no podrá realizar las labores del campo.
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—Puede ser —replicó el viejo maestro.
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Pasaron varios meses y el caballo regresó acompañado de un grupo de magníficos caballos salvajes de aquellas tierras lejanas. Entonces todos fueron a felicitarlo por su buena fortuna.
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—¡Qué fortuna tan grande, viejo maestro! Había perdido un caballo, ¡pero ahora ha regresado acompañado de otros magníficos caballos!
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—Puede ser —replicó el viejo maestro.
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Su hijo se aficionó a montar los nuevos caballos. Un día cayó mientras cabalgaba uno de ellos y se fracturó una pierna. De nuevo, las personas cercanas acudieron a consolar al padre, lamentando su mala fortuna. Pero tan solo les respondió:
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—Puede ser.
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Un año después, los pueblos vecinos invadieron la región. Los reclutadores del ejército recorrieron las aldeas en busca de hombres capaces de combatir. Pero el hijo del viejo maestro, a causa de su lesión, no fue llevado a filas. Así, pudo permanecer junto a su padre.
Relato adaptado a partir del Huainanzi 淮南子, capítulo 18, «Asuntos humanos» 人間訓.
La fortuna y la desgracia
Esta historia es conocida como 塞翁失馬 (Sài wēng shī mǎ), «El anciano de la frontera pierde su caballo». Su enseñanza se encuentra en el propio texto: la fortuna puede convertirse en desgracia y la desgracia en fortuna; sus transformaciones son difíciles de prever.
El anciano no afirma que perder el caballo sea bueno ni que recuperarlo sea malo. Lo que pone en cuestión es la seguridad con la que los demás juzgan cada acontecimiento. Su respuesta deja abierta una posibilidad: todavía no sabemos qué consecuencias tendrá lo sucedido.
Esto no significa que toda desgracia esconda necesariamente una bendición, pero, aunque algunas experiencias provocan dolor y pérdidas que nos marcan profundamente, el relato nos recuerda que nuestra primera valoración puede ser limitada y que el curso de los acontecimientos no siempre sigue el camino que esperamos.
Una mirada taoísta sobre el cambio
El Huainanzi es una obra china del siglo II a. C. que reúne diferentes corrientes de pensamiento y concede un lugar destacado a las ideas taoístas. En este relato nos habla de la transformación constante de las circunstancias y la relación entre aquello que solemos considerar opuesto.
Una idea semejante aparece en el capítulo 58 del Daodejing:
禍兮福之所倚,福兮禍之所伏。
«En la desgracia se apoya la fortuna; en la fortuna se esconde la desgracia».
Daodejing 道德經
La frase señala que fortuna y desgracia pueden estar relacionadas de formas que no advertimos de inmediato. Aquello que en un momento parece una pérdida puede abrir una oportunidad; lo que parece una ventaja puede traernos dificultades.
El relato también nos invita a cultivar cierta serenidad. No se trata de permanecer indiferentes ante lo que sucede, sino de evitar que una valoración inmediata nos impida ver otras posibilidades.
«Puede ser»
En una versión moderna popularizada por Alan Watts, el protagonista es un campesino que responde simplemente «puede ser» cada vez que sus vecinos califican un suceso como buena o mala suerte.(1)
Estas palabras resumen bien la actitud del personaje al reconocer que no conocemos todo el alcance de lo que está sucediendo. Entre la alegría por lo que ganamos y la tristeza por lo que perdemos, el «puedes ser» deja un espacio para observar cómo se desarrolla la vida.
Tal vez la enseñanza del anciano no sea esperar que todo termine bien, sino aprender a mirar con más calma aquello que todavía está cambiando.
Sobre el autor:

David Quiroga
Estudio, experimento y escribo, intentando siempre seguir este orden. Explorador del equilibrio entre nuestras diferentes manifestaciones —física, energética y espiritual— en la aparente individualidad, formando parte de un todo. Practicante de Medicina China, Shiatsu, meditación y otras artes —marciales y no marciales— encuentro en la naturaleza y la montaña mi refugio e inspiración.




